Nuestro cuerpo es una estrella que se expande documental estrella del FICG41
El cuerpo como expansión, intimidad y resistencia, un documental queer que nos mueve entre piel y territorio. Ganadora de Mención Honorífica del Jurado Premio Maguey en esta edición 41 del FICG.
En el panorama reciente del cine documental mexicano, pocas obras se acercan al cuerpo con la sensibilidad, radicalidad y apertura formal de Nuestro cuerpo es una estrella que se expande (2025), dirigida por Semillites Hernández Velasco y Tania Hernández Velasco. Presentada en el pasado Festival Internacional de Cine en Guadalajara, y dentro de espacios como el Premio Maguey y el Premio Mezcal, la película se inscribe en una tradición contemporánea que desborda los límites del documental clásico para explorar, desde lo íntimo, nuevas formas de narrar la identidad.
El punto de partida es aparentemente sencillo: Semillites y Tania, dos hermanes queer, emprenden un recorrido conjunto por sus propios cuerpos. Sin embargo, se construye un autorretrato compartido donde el cuerpo se convierte en territorio, archivo y paisaje. En ese desplazamiento, lo que alguna vez fue rechazo: la piel morena, la historia inscrita en ella, las memorias heredadas, se transforman en un espacio de reconocimiento y reconfiguración. Con tomas areas mostrando la blancura de capos de sal y cuerpos morenos reflejandose durante todo el trayecto aparentemente sin dirección alguna, plantean la busqueda de cuerpo y naturaleza

La noción de “territorio” atraviesa la obra misma. Rios de agua salada recorren una basta extensión sin rumbo que nos lleva al momento en el que semillites en plano cerrado muestra sus pliegues corporales, como geografía viva que guarda capas de historia, violencia, deseo y resistencia. Uno de los aspectos más significativos de la película es la experiencia de Semillites y Tania, atravesada por su identidad queer y su relación con el cuerpo moreno;«Blanca como Pamela, la que se burlaba de mi porque yo tenia color de caca» »Me raspe tanto con las sales de mar, que me sangro el cuello» testimonios que se presentan desde la vulnerabilidad y posturas políticas arraigadas. Al reimaginar sus cuerpos fuera de las narrativas coloniales y normativas, instaura estructuras de resistencia que no se basa en la confrontación directa, sino en la creación de nuevas formas de vivir.
En este sentido, el filme se alinea con una generación de cineastas que entienden el documental como un espacio de experimentación donde lo personal puede abrirse hacia lo colectivo.
¿cómo habitamos nuestros cuerpos? ¿qué memorias cargamos en ellos? ¿de qué manera podemos reconciliarnos con aquello que nos fue enseñado a rechazar?
Nuestro cuerpo es una estrella que se expande propone una mirada en la que el cuerpo deja de ser un límite para convertirse en un punto de partida. La película invita a pensar la identidad como un proceso abierto, en permanente construcción. En ese gesto, profundamente poético y político, radica su mayor fuerza.




