Festival Zanate edición 18

Colima volvió a volar con el Festival Zanate de cine documental.

Tiempo de lectura: 4 minutosLa edición 18 del Festival Zanate cerró su ciclo con una ceremonia que no solo entregó premios, también selló una semana entera de historias, encuentros, carcajadas, miradas profundas, infancia corriendo por los pasillos del Museo Fernando del Paso

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La edición 18 del Festival Zanate cerró su ciclo con una ceremonia que no solo entregó premios, también selló una semana entera de historias, encuentros, carcajadas, miradas profundas, infancia corriendo por los pasillos del Museo Fernando del Paso, y muchas butacas ocupadas por ojos de colimenses e invitados. Más de cinco mil personas se sumaron a esta fiesta del cine documental mexicano, que desde hace casi dos décadas insiste en que mirar la realidad también puede ser una forma de resistir, de recordar, de acompañar.

Durante siete días: 28 películas en competencia y más de 40 eventos ocuparon espacios públicos, escuelas, museos, patios, salas, y todo rincón que pudiera albergar una pantalla y un silencio atento. El diálogo floreció a través de las imágenes, pero también de preguntar qué hay detrás de una cámara y de habitar lo cotidiano como un lugar que el cine documental es capaz de reinventar como ningún otro género del séptimo arte. Así Zanate no se limita, como es su tradición, a mostrar películas, también crea un espacio colectivo, íntima que cada noviembre se reencuentra y se expande en el diálogo del cine en México.

Este año volvió la Residencia Zanate. Carlos Cárdenas, director del festival, anunció durante la clausura, la convocatoria de la quinta edición de esta residencia de creación, que funciona como un retiro intensivo para cineastas en cualquier etapa de su proyecto. Ahí nacieron algunas de las películas más entrañables de esta edición: “Boca Vieja”, “Llamarse Olimpia” y “Ángeles FC”, piezas iconicas del cine documental.

“Llamarse Olimpia” de Indira Cato se llevó el Premio del Público, y sin duda es porque la película toca fibras íntimas con una ternura que no empalaga y una honestidad sin maquillaje. El Premio Zanate Colima fue para “Parque Rojo: historia de una comunidad” de René Cabrera Morales, una obra que se atreve a explorar los espacios donde la vida cotidiana se entrelaza con la resistencia.

Desde los espacios universitarios, “This Place is (not) Mine”, de Carolina Trujillo BM, se llevó el Premio Zanate Universitario por su forma de retratar la distancia, el amor materno y la capacidad de renovar la mirada a un tema ya visitado. En esta misma categoría, “Capitana Partera” de Rosalina Estrada Medina y Lizzie Hernández recibió mención honorífica por su trabajo sensible sobre el parto humanizado, una narrativa necesaria que abraza la sabiduría de las parteras en México.

Los cortos también tuvieron su espacio para brillar. “Máquina 30-30”, de Tulio Cortez Arriaga, fue galardonado con el Premio Zanate Corto/Mediometraje, destacando por su tensión narrativa y su exploración visual del desarraigo. Mientras que la mención honorífica fue para “Toda la vida para siempre”, de Sebastián Molina Ruiz, una obra que logra, con sobriedad y fuerza, contar la experiencia migrante desde adentro, con un lenguaje cinematográfico sólido y poético.

La edición también aplaudió la capacidad de montar mundos. El Premio Vertov al Mejor Montaje fue para “Say Goodbye” de Paloma López Carrillo, una película que nos deja con la sensación de acompañar el duelo ajeno, pero también el propio. Su ritmo, su encuadre, su forma de construir sentido sin forzar el artificio, habla de un oficio sensible y respetuoso.

El Gran Premio Zanate fue para “Sex Panchitos”, de Gustavo Gamou, una película que se aleja del retrato clásico y se sumerge en el caos de la vida con una cámara. El jurado destacó su mirada de largo aliento, la manera en que ilumina el paso del tiempo y la fuerza de una comunidad que habita su ciudad con memoria e intensidad.

En esta categoría, dos menciones adicionales tejieron los últimos hilos de esta red cinematográfica: “Say Goodbye”, que volvió a ser reconocida por su exploración profunda de la desconexión humana, y “Un lugar más grande” de Nicolas Défossé, por su paciente retrato de una comunidad que construye futuro desde la organización colectiva y la persistencia ética del arte.

Además, en el Maratón Zanate, esa actividad donde los cinéfilos coleccionan sellos como si fueran estampillas de mundial, volvió a convertirse en ritual. Programas impresos en mano, asistentes corrieron entre funciones para completar los 20 sellos y llevarse su pedacito de merch oficial.

Por último, en el Museo Fernando del Paso, quedó la sensación de que algo se queda latiendo. Zanate volvió a enamorar a propios y extraños en esta edición, y cada historia contada, cada plano sostenido, cada silencio compartido, vuelve a celebrar la creación, el cine de no ficción en la capital colimense.

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