No nos moverán, un retrato de la memoria
Tiempo de lectura: 3 minutosPelícula de Pierre Saint-Martin Castellanos, cuenta a Socorro, anciana que tiene el plan perfecto para hacer justicia por mano propia.
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Entre papeles, humo y recuerdos
Sus movimientos son lentos, su risa está opacada por las manchas del cigarro, y los surcos en su piel son un campo de maíz y cacao; tierra morena que apenas distingue la luz.
La ópera prima de Pierre Saint Martin Castellanos cuenta la historia de Socorro Castellanos, interpretada con maestría por Luisa Huertas, una anciana que vive en el edificio Chihuahua, frente a la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco. Ella, una abogada de armas tomar, saca adelante pleitos legales para ofrecer un poquito de justicia a algunos de sus clientes, y una calentadita a los gandallas que juegan con el poder y el dinero para chingar a los que menos tienen.
No nos moverán es una película con una fotografía extraordinaria en blanco y negro, que logra, en sus contrastes, dar luz a la memoria de los estudiantes asesinados por el gobierno priista de Díaz Ordaz. A Socorro no le faltan estrategias para arreglar, y desarreglar lo que no le gusta. Y quien crea que una anciana está ahí, sentada, esperando la hora de su muerte, está muy equivocado. Ella expande su astucia a través de Siddartha, interpretado con alegría y carisma por José Alberto Patiño, un chavo de Tepito… o del Bronx en Bogotá, o de una favela en Brasil, o del Este de Los Ángeles, y quien recibió la ayuda de Socorro para no caer en la mamá de las cárceles, Santa Marta, y a cambio se convierte en su Sancho Panza de la justicia en México, en la búsqueda del soldado que, en 1968, asesinó, torturó y desapareció al hermano de Socorro.
La metáfora del fuego, del humo, nos recuerda la espera y por lo tanto que la justicia nunca llega a tiempo, pero que luchar por ella siempre le acerca a cómplices que, a través de la vida, ayudan a Socorro. Uno de ellos es el viejo y moribundo Dr. Candiani, profesor de derecho que le da las claves para tener en sus manos al asesino. Lo que la memoria histórica y la reparación del daño no logran reparar, lo cuenta el director en un complejo entramado familiar que muestra por qué la desaparición forzada es un delito de lesa humanidad y está tipificado como genocidio. Cada uno de los personajes revela, desde lo más profundo, cómo esta persecución política, maquinada desde la Escuela de Chicago y la CIA— no ha cesado de dañar la vida íntima de las familias latinoamericanas.
Esta memoria política que marca a nuestros viejitos, en esta obra, no es un discurso: es el plan maquiavélico de Socorro para seguir viva, para seguir ayudando, enseñando que la vejez no deja de ser la cúspide de la inteligencia y la sabiduría.
No nos moverán es una película nominada a los Premios Ariel, con 10 nominaciones que celebran su calidad, agudeza, humor y, por supuesto, su crítica. Cada uno de los adjetivos que el cine puede alcanzar está presente en este proyecto que bien podría pasar por la obra de un director consagrado.

