LUISA HUERTAS: LA VIDA COMO ESCENARIO, LA MEMORIA COMO RESISTENCIA

Tiempo de lectura: 2 minutosCuando asumes que quieres ser actriz, asumes una forma de vida: Luisa Huertas durante la presentación del libro dedicado a su vida y obra, en el FICG41

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La trayectoria de Luisa Huertas se despliegan, a través de escenas: fragmentos de memoria que se entrelazan entre el arte, la historia y la vida cotidiana. Así se escuchó a Luisa Huertas durante la presentación del libro dedicado a su vida y obra, en el marco del Festival Internacional de Cine en Guadalajara.

La conversación, íntima y por momentos profundamente emotiva, transitó por los distintos registros que han marcado su camino: el teatro, el cine, la militancia política y la vida familiar. Luisa no narró desde la nostalgia, sino desde una conciencia clara de lo que implica elegir una vida dedicada a la actuación.

Cuando asumes que quieres ser actriz, asumes una forma de vida, dijo. Y en esa frase se condensa una ética: el oficio de la actuación como eje que reorganiza todo lo demás.

Antes de los escenarios, hubo asambleas. Antes de los sets de filmación, hubo calles, megáfonos y canciones. Luisa recordó sus primeros acercamientos a la militancia, donde el arte se convertía en herramienta de comunicación. Ante comunidades indígenas que no hablaban español, la respuesta fue el cuerpo: pantomima, mímica, teatro mudo. Las situaciones las actuábamos, explicó, evocando un momento en que la escena servía para traducir la realidad.

Esa dimensión política no desapareció con el paso del tiempo. Por el contrario, se transformó en una constante que atraviesa su trabajo. No es casual que uno de los proyectos más significativos de su carrera reciente, la película No nos moverán, dialogue directamente con el movimiento del 68, un episodio que ella misma vivió de cerca. Quiero decir esto, afirmó sobre su decisión de aceptar el papel, dejando claro que, más allá del protagonismo, lo esencial sigue siendo el discurso.

A lo largo de su carrera, Luisa ha interpretado múltiples papeles secundarios. Pero lejos de verlos como una limitación, los resignifica: Sí, son secundarios, pero emblemáticos, respondió con firmeza ante una pregunta que insinuaba lo contrario. Para ella, el valor de un personaje no radica en su centralidad narrativa, sino en su potencia dentro del conjunto.

Esa misma lógica atraviesa su vida personal. En uno de los momentos más conmovedores de la conversación, habló sobre la relación con su hija y las decisiones que implicó su vocación. Lejos de romantizar el sacrificio, lo nombra como una elección consciente. No lo siento como sacrificio, es algo asumido, explicó.

La escena que relata, su hija exigiendo el inicio de un ensayo durante una gira, sintetiza esa convivencia entre maternidad y oficio. Una relación construida desde la honestidad: explicar, desde muy temprano, que la actuación no era solo una profesión, sino una necesidad vital.

También hubo espacio para recordar a Miguel Córcega, su compañero de vida durante 25 años. La relación, marcada por la independencia y el respeto mutuo, desafió convenciones tradicionales. Yo quería una pareja para compartir, no para cumplir con una estructura, dijo, dejando ver una postura coherente con su forma de habitar el mundo.

La presentación del libro no fue, entonces, un recuento cronológico, sino una exploración de los principios que han sostenido su trayectoria: la curiosidad, la disciplina, la libertad y, sobre todo, la necesidad de decir algo a través del arte.

En un festival que celebra el cine, la voz de Luisa Huertas recordó que toda imagen tiene un trasfondo, y que toda interpretación, en escena o en la vida, es también una forma de tomar postura.

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