El juego detrás de la imagen perfecta

Tiempo de lectura: 8 minutosSer fotógrafa de un torneo WTA va mucho más allá que simplemente picarle al botón de disparar.

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Punto de vista de una fotógrafa en el GDLOpen 2025

Si al leer este título quieres conocer a la fotógrafa que camina por todo el Complejo Panamericano de Tenis con sus múltiples cámaras y lentes de distintos tamaños, sigue leyendo, pero déjame decirte que ser fotógrafa de un torneo WTA va mucho más allá que simplemente picarle al botón de disparar.

Tu reloj marcará que ya completaste tu objetivo diario de pasos al seguir sigilosamente cada paso de la jugadora a través de tu visor, no podemos quedarnos quietos. En mi caso, es como si estuviera entrenando para mi próxima carrera; analizar cada foto que tomé en la pantalla de mi cámara es como estudiar cada vuelta que doy en la pista y cómo puedo mejorar. La adrenalina que siento al estar en el Estadio Akron del Complejo Panamericano de Tenis, teniendo enfrente a jugadoras top 10, se parece a la que sentía cuando me tocaba un entrenamiento pesado; soy consciente de que requiere un esfuerzo grande de mi parte, pero que me motiva a hacerlo lo mejor que puedo y la satisfacción que me va a dar una vez que lo complete. Y, la emoción de estar ahí, que comparto con mis otros compañeros fotógrafos, la cual siento sin necesidad de hablar al respecto con ellos, es la misma que fluye en la pista con mis amigas y compañeras de atletismo, como si hubiera una conexión que no necesita de palabras, pero que está ahí presente.

Y, es precisamente que combinando esa pasión, adrenalina y emoción compartida, quienes nos dedicamos a la fotografía deportiva sabemos que es una profesión que requiere movimiento en absolutamente todos los sentidos. Desde el momento en el que pones tu lente en la cámara, tomas tu gorra o sombrero, te pones bloqueador y hasta mangas con filtro UV, sabes que, oficialmente, llegó el momento de activarte.

Por un lado, las piernas y pies se clavan en el piso como el trípode de tu objetivo 70-200. Por otro, tu mente comienza a analizar todo posible factor; luz y clima, el ángulo desde el que empiezas a tomar fotos y si es el mejor para ti o no, las expresiones faciales y corporales de la jugadora, que tan cerca o lejos se ve en tu encuadre, y tal vez viento, agua, sed, calor, pipi o alguna otra cosa que suceda, propia o en cancha que modifique tu mirada.

Te guías al escuchar la pelota moviéndose de un lado al otro, las expresiones de sorpresa en un cerrado y peleado punto, los aplausos para quien lo gana, los gritos y porras al finalizar un partido, pero sobre todo sentir la energía de las distintas y múltiples personas que están al interior del Estadio Akron de Tenis, un rugido lleno que vibra a través de las ansias de los niños que se estiran infinitamente para alcanzar su autógrafo. Está el silencio, algunos pasos de quienes se acomodan en sus asientos para disfrutar del partido, y estando ahí con el visor de mi Canon en mi ojo izquierdo, me es imposible no acompañar la tensión.

Fault, se escucha en el primer intento de saque. Y este sentimiento no tiene igual. ¿Por qué? Por que estar abajo, a nivel de cancha, te permite una mirada íntima de prácticamente todo lo que sucede; puedes ver desde los boleritos repartiéndose pelotas entre ellos, haciéndose señas, el camarógrafo sentado atrás del juez de silla con audífonos puestos y listo para levantarse en el cambio de lado, hasta los operadores del foxtenn hasta arriba de las gradas en sus cabinas, la voz a lo lejos de los narradores para tele.

Es como sentirte en un todo incluido pagando la habitación más sencilla. Es una manera de poder narrar, desde mis ojos y siendo una pequeña parte de lo que está sucediendo en el interior de cada jugadora, donde aquel universo de raquetas, luces, jueces de silla, boleritos, staff y aficionados, susurran al oído de una manera extraña. Y son aquellas fotografías en las que la jugadora está justo entre la red y la base, sumamente concentrada persiguiendo la pelota, y el staff sentado detrás suyo la observa fijamente, y ellos también, a veces sin intención, salen en la imagen.

Y así es como cada partido, cada día y cada torneo es distinto, también lo ha sido mi manera de querer contarte lo que veo y decido capturar a través de mi cámara, la cual me ha acompañado desde esa primera foto borrosa al cubrir tenis:

Fotógrafa WTA500

El primer paso es dominar la técnica, y vaya que no es nada fácil. Yo comencé recibiendo información sobre en qué momento disparar la cámara, qué es una foto en acción y los tres elementos que la componen (raqueta, rostro y pelota), reglamento sobre tenis, cuándo sí y cuando no puedo meterme a la cancha junto con la cámara, los mejores ángulos y cuáles me funcionan personalmente, aprender a soltarme más, jugar, experimentar.

No saber en qué momento exacto disparar, desconocer mi mejor ángulo, tomar la foto cuando el jugador tiene su raqueta hacia atrás, no acercarme lo suficiente, no contar con el equipo adecuado son los errores que se me vienen a la mente que cometí en el primer torneo que cubrí, hace ya 4 años, en Mérida. Además, en ocasiones, o mejor dicho torneos, mi diálogo interno tiende a ser muy duro, de mucha crítica, de juicio y perfeccionismo, el cual se convierte en ruido y ha provocado exactamente lo contrario de lo que estoy buscando.

Sí, es abrumador, y en su momento lo ha sido infernal, pero, como también lo dije anteriormente, puedo probar cosas nuevas, y este último WTA500 en Guadalajara, ha sido uno de los más retadores porque he perdido más el miedo a «posar» de maneras que antes no solía hacer al momento de acomodarme en cancha para empezar a disparar. Antes, por ejemplo, me quedaba una gran parte del partido parada justo al centro del estadio, detrás de los camarógrafos de televisión, y en momentos me sentaba en una de las sillas más cercanas de la cancha, justo enfrente de una de las jugadoras. Ahora, me he sentado cerca de las esquinas, me he acercado más a la barda en la parte de abajo a distintas alturas y a los lados de las cámaras, me he sentado más entre camarógrafos, hago más zoom a las jugadoras y sus rostros,

¿Qué es lo que veo? La manera en como las jugadoras se preparan para sacar y recibir, su diálogo interno, el cual se ve en sus rostros, incluyendo cuando simplemente se quedan fijas mirando a su coach, a su raqueta o a la pantalla al fondo de la cancha, como si sumergieran tanto en su propia conversación que pareciera que por un momento las atrapa. A veces también es en voz alta o lo tienen con sus entrenadores. También, puedo observar la determinación con la que se alejan o acercan a la red, boleritos y jueces prestando especial atención, pero sobre todo, pequeñas ventanas que me han dado una perspectiva muy diferente a las que si me quedara en la misma posición que acostumbro tomar; parada o de frente, como por ejemplo ver más de cerca cuando se estiran para alcanzar a golpear la bola, tomas más cerradas sobre cuando su entrenador les dice algo, incluso el rostro que hacen cuando los escuchan y hasta la manera en como toman la toalla para secarse el sudor; si lo hacen al centro cubriendo los ojos o simplemente a los lados a la altura de los cachetes.

Y no es que los sitios que usaba antes estén mal, sino que me han enseñado y retado a moverme más y mejor, a no temer a intentarlo y fallar como lo hice cuando recién empecé en este medio, y antes de precisamente encontrarme con el centro y los lados de la cancha, y lo más importante para mí, tomarlo como una expresión, es decir pasar de que las imágenes fueran únicamente informativas, como una parte más de una nota periodística, a una imagen que transmita lo que la jugadora vive a través de su juego, y que tú puedas percibir ese mismo sentir que yo percibo con tan solo verle el rostro que pone al momento de dar el raquetazo, y así contarte como veo y siento lo que estoy viviendo a través de la lente y de mi cámara.

En este GDL OPEN 2025, mi visión como fotógrafa ha sido algo tambaleante, retadora, confrontativa, por que muchas ocasiones ese lado perfeccionista y crítico apareció, diciéndome cosas como que mi foto no es lo suficientemente buena, criticando de manera severa pequeños detalles como la luz y la posición de la jugadora, que debo hacerlo mejor, que ya tengo tiempo dedicándome a esto, y otros comentarios más que van brotando como manantial conforme voy revisando las tomas que he hecho. A pesar de que por un lado, se que este lado exigente también puede motivarme a querer ser mejor, el lado duro u obscuro, es cuando no logro calmar, o incluso callar ese diálogo interno, como si se apoderara de la mente.

Esto, me hizo ser consciente de cómo uno se habla a sí misma en esos momentos, lo cual nos lleva a intentar no hacerle caso, y en algunas veces lo logré. Estuve en posiciones que al principio me hicieron sentir insegura: esquinas, de frente a las jugadoras, en medio, pero que resultaron en algunas de mis fotos favoritas de este año, dudé sobre mí misma y si realmente he avanzado en los 4 años que llevo dedicándome a esto, y me obligó a reconectar con lo más básico pero que ese auto diálogo negativo me hace olvidar en ocasiones, que es y sobre todo: disfruta estar ahí.

Pero, también es clara y fija: salir de mi zona de confort, bajar el ritmo, dejar el perfeccionismo de lado y conectar más con la parte emocional de las jugadoras: dejar de sentirme mal por no fotografiar absolutamente todos los partidos, que tomar malas fotos es parte de encontrar una buena, que no todo es perfecto ni tiene por qué serlo, que también habrá torneos que no disfrute del todo, que al final las jugadoras son emociones y no solo golpes y estrategias, y que mi exigencia también me ha enseñado querer mejorar cada vez que tenga la oportunidad, así como las jugadoras se posicionan de la mejor manera posible para sacar, yo pongo mi ojo izquierdo en el visor de la cámara, tomo el anillo de enfoque con mi mano izquierda, y con la derecha tengo el botón de disparar presionado a la mitad, así como a aprender a bajarle dos rayitas cuando me llena la cabeza de ruido.

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