Cine socioambiental: una mirada más allá
Tiempo de lectura: 2 minutosEl cine como acto de resistencia ambiental.
En el FICG40, creadores y científicos debatieron cómo filmar con conciencia puede sembrar el cambio.
|
Getting your Trinity Audio player ready...
|
En medio de las alfombras rojas y los estrenos del FICG40, hubo un espacio que bajó el ritmo y nos invitó a voltear hacia nuestro entorno. El panel Medioambiente, sociedad y cine reunió al cineasta Max Keegan, al ecólogo y director del Museo de Ciencias Ambientales de la UdeG, Eduardo Santana, y al documentalista Rodolfo Castillo Morales para hablar de cómo el cine puede convertirse en una herramienta poderosa para cuestionar lo que estamos haciendo con el planeta.

La conversación giró en torno a la película «The Shepherd and The Bear» (2024), dirigida por Keegan y parte del Premio de Cine Socioambiental. Ambientada en los Pirineos franceses, la historia sigue a un pastor que intenta mantener viva su forma de vida mientras los osos y los cambios del clima amenazan su rebaño. Pero más allá de eso, plantea una pregunta que causó escozor entre el público: ¿qué está pasando con nuestras formas de vida cuando la naturaleza que las sostiene está desapareciendo?
Keegan compartió que vivió dos años en dicha zona para hacer el documental y que esa experiencia lo transformó. Escuchar a las personas que viven con una conexión real con la tierra cambió su perspectiva.
Por su parte, Santana soltó una frase que marcó a cada uno de los presentes en la sala:
«Las pelis son la chispa del cambio ético y emocional.»
Y no se quedó ahí: «¡Organícense, trabajen en colectivo, infórmense y actúen!», dijo con toda la energía.
En la ronda de preguntas, el público compartió sus experiencias filmando la biodiversidad y la cultura local, y surgió una gran pregunta:
¿Cómo hacer cine de manera más sustentable?
Max fue claro: no se trata de tener el último equipo o la cámara más cara. «Las pelis importantes no dependen de la tecnología, sino de lo que estás mirando y contando,» dijo, poniendo sobre la mesa la responsabilidad social del cine: no solo hacer películas, sino hacerlo con conciencia.
Antes de cerrar, Santana compartió algo muy personal:
«Yo soy ecólogo porque de niño veía «Mundo insólito» los domingos en la tele.»
Una anécdota que lo dice todo: el cine puede tocarnos desde pequeños y sembrar preguntas que se quedan para siempre.
Porque sí, lejos del glamour y los premios, el cine socioambiental puede ser un acto de resistencia, de memoria y de esperanza. Y a veces, lo que empieza como una historia en la pantalla, termina siendo una semilla para cambiar el mundo.

